Tres de febrero de 2014, día en el que cumples 56 años y diez de esos han sido conmigo. Es la primera etapa de mi vida y en la que tú has estado apoyándome y ayudándome en todo lo que podías. Aunque no sea creyente, se que en algún lado del mundo estás y se que estás desde ahí viéndome crecer, caer, levantarme, llorar, reír, gritar, enfadarme, reconciliarme. Y
no solo a mi, a los cuatro que estamos aquí abajo, que aunque tengamos nuestras broncas y nuestros fallos, como toda familia, en parte es porque no estás tú aquí para ayudarnos a seguir. Eres una persona fuertísima que luchó todo lo que puso, pero esa fuerza, el cáncer la fue deteriorando hasta que no pudiste hacer más, y fue mejor así. Mamá lo prefería y yo ahora que tengo un poco de consciencia, también. Porque no es nada sano vivir sufriendo y es lo que estabas haciendo tú. Mi comunión es uno de los últimos recuerdos que tuve contigo y que no olvidaré jamás, que se que hiciste lo que pudiste para venir a ella ya que, aunque no lo mostraras, estabas mal. Luchador es la palabra con la que te definiría si hubiera que describirte en una palabra. Creo que todo esto nunca está de más que te lo diga, así me desahogo y digo todo lo que pienso, que nunca viene mal, pero se que todo lo que pueda escribirte ya lo sabes y que nada se puede comparar con lo que siento hacia ti. Me acuerdo todos los días de ti, aunque sea cinco minutos, pero me acuerdo, porque alguien tan importante no va a ser nunca olvidado y siempre va a tener un hueco en mi corazón, pero en días como estos es en los que más te echo en falta. Gracias por ser el motivo de mi sonrisa y de sentirme orgullosa cada vez que veo tus fotos. Desde aquí te mando un fortísimo abrazo lleno de lágrimas y que sigas cumpliendo años dentro de mi corazón, físicamente ya no los podemos ver, pero hay un recuerdo que nunca se pierde. Ojalá estuvieras aquí abajo junto a nosotros. DULCES 56 PAPÁ, TE QUIERO.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
:)L